Tenía 5 años. Vi algo que no debía estar ahí."
Tenía 4 o 5 años, la primera vez que vi algo que no debía estar ahí.
Sin razón me desperté de madrugada. Como cualquier niño buscando protección, caminé hacia el cuarto de mis padres. En la pared de la sala: una cucaracha gigantesca. No estoy exagerando — casi del tamaño de toda la pared. Me quedé mirando, curioso y asustado. Seguí caminando sin voltear.
Llegué a su cama. Y los vi: mis papás acostados, con los ojos en blanco.
Y ya no aguanté. Me puse a llorar sin parar. Mamá se levantó, me abrazó, pero yo seguía asustado.
Años después, mi mamá me confesó algo — casi en voz baja, como si el secreto aún pesara — que en ese apartamento habían escondido una caja con objetos de vudú. Alguien quiso destruir su matrimonio.
Pienso que en una relación hay más factores para que algo se dañe, no solo la "brujería". En muchos casos: la debilidad de carácter, la falta de valores, o simplemente que esa persona no correspondía para tu vida.
Pero hay algo que sí es real y que llevo décadas observando — en personas, en familias, en casas que he visitado profesionalmente.
Hay hogares donde la gente discute sin entender por qué. Cuartos donde nadie duerme bien aunque tenga ocho horas. Lugares de los que siempre quieres salir aunque no puedas explicarlo.
El problema no es lo que está ahí. El problema es no saber que está ahí.
¿Cuándo fue la última vez que revisaste lo que cargas en tu espacio? No en tu mente — en el lugar donde duermes, donde comes, donde intentas descansar.
Estoy preparando algo para enseñar exactamente esto de manera estructurada. Si quieres ser de los primeros en saber cuándo estará listo, responde este correo con la palabra "ENERGIA" y te aviso personalmente.
Que tengas un gran día,
Ángel Gabriel Novoa.
*P.D. Los niños, las mascotas y las plantas reciben todo. Hay que bañarlos, pasearlos, cambiar la tierra — para que se renueven y no carguen con algo que no es de ellos. En mi caso, de niño seguí viendo muchas cosas. Te cuento en otro correo.