¿Quien carajos quiere a un ausente en su vida?
Si aplicas esto en cualquier área de tu vida, te aseguro que cambia la forma como te ven y lo que recibes.
Es simple.
Y casi nadie lo hace.
No lo había contado públicamente. No había visto la razón. Hoy sí, y necesito explicarte el contexto antes de la historia.
Mi vida profesional camina por dos áreas que casi nunca se cruzan. Está el hombre que "ve cosas" — como me dicen mis amigos. El raro que ve el futuro, a los que ya se fueron. El friki del salón cuando niño. Y está la otra faceta: empresario, director de marketing, coach de directores y líderes de industria.
Hablando con uno de mis clientes — Andrés, un hombre exitoso en consumo masivo — me contó algo que también te va a ayudar a ganar más oportunidades. Como me ayudó a mí.
Andrés le vendía sus productos a Ernesto. Un hombre adinerado. De los que se peinan de medio lado.
Ernesto, además de adinerado, era tramposo. Quería ganar más, y se le ocurrió copiar el producto de Andrés. Lo hizo idéntico. Mismo empaque, misma fórmula, mismo todo. Meses copiando en secreto. Su propósito: quitar a Andrés del medio y quedarse con el negocio.
¿El resultado?
Fracasó. Pérdida de millones. Un producto que no le gustó al público.
Idéntico — pero que nadie quería.
¿Cuál era el secreto de Andrés?
Siempre estaba presente.
Se hacía sentir. Puntual con sus entregas. Exigente con su producto. Conocía el mercado. Siempre llegaba — así fuera con un caramelo. Atento a la secretaria, al que cargaba cajas, al detalle más pequeño.
Y con sus empleados, los que fabricaban, también estaba presente. No es de carácter suave. Es firme. Pero con ese toque de presencia en cada paso, en cada persona.
Esa era la diferencia.
No era el producto. Era lo que estaba detrás del producto.
Lo opuesto es la ausencia.
Ese vacío del que no le pone el 101% a las relaciones. Del que siempre tiene una excusa. Del que el trabajo le fastidia hasta que llegue uno mejor. Del que está esperando que el otro haga algo. Sembrando vacío.
¿Ves la diferencia?
A Andrés siempre le irá bien. A Ernesto no.
Yo lo aplico en mis dos mundos. En las consultas como "el que ve cosas". En mi querido grupo de Entrenamiento Evolutivo. En el trabajo con empresas. Y en mi vida personal — amigos (tengo pocos), e intento en lo que puedo, a pesar de tener hijos en varios países y de estar viajando, estar presente para ellos.
Aunque a veces sea complicado.
¿Cómo lo incluyes tú? En el trabajo, en el amor, en todo.
Recuerda: somos reemplazables, imitables. Puede venir alguien y hacer tu trabajo igual, o mejor. Puedes tener una pareja, pero otra quizás puede dar lo mismo, o más que tú.
¿Qué hace la diferencia?
Estar presente. Sin esperar que el otro lo esté.
Por ley, pasan dos cosas cuando estás presente:
Una. Si aparece un tramposo o tramposa que a pesar de todo lo que das decide pasarte por encima, la vida los pone en su lugar. Y casi siempre lo que ocurre es que tú mismo te vas. No es que la vida te lo quita — eso casi nunca pasa así. Y si no te vas, te ponen a alguien igual. Vives la misma experiencia, otra vez.
Dos — y esta es mi favorita. Empiezas a atraer. Personas. Negocios. Oportunidades. Porque estás presente.
Vamos a estar claros: ¿quién carajos quiere a un ausente en su vida? Al que se queja. Al que no mueve un pie esperando que la vida o el otro hagan algo. Al que se pierde de toda la diversión — y también de los problemas, porque no se pueden separar. Vienen juntos. Y para seguir caminando juntos, hay que estar presente en todo.
Si eres de los ausentes: buena noticia. Puedes cambiar.
Si eres de los presentes:
¿En qué área de tu vida — o de ti mismo — aún te falta habitar con presencia?
En mis consultas no doy respuestas que ya sabes. Te muestro lo que llevas tiempo evitando mirar.
Que tengas un gran día.
Ángel Gabriel Novoa
Despierta antes que termine.
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