Te acostumbraste al fondo y lo llamaste vida.
Ni el tiempo resuelve nada, ni tocar fondo te libera.
Te lo digo porque he tocado fondo varias veces. Y he dejado que el tiempo resuelva. Y no resolvió nada.
Recuerdo una noche regresando de madrugada. Tomaba turnos como transcriptor de datos. Me decía a mí mismo que esto tenía que cambiar, que no podía ser todo. Pero lo daba todo. Lo hacía por mis hijos, que eran pequeños. Cada vez que los veía y tomaba sus manitas entre las mías, imaginaba un futuro mejor para ellos. Deseaba con todo que tuvieran mejor vida que la mía.
Pasó el tiempo. Y seguía igual.
Ya había tocado fondo, pero la costumbre, la zona de confort — sí, el fondo también tiene zona de confort — me dejaban ahí, sin avanzar. Te acostumbras al fondo y lo haces parte de tu vida. Lo decoras. Le pones horarios. Le dices "por ahora". Y ese "por ahora" se convierte en años.
Por eso tocar fondo no sirve. No hasta que reaccionas. No hasta que sales de la costumbre del fondo y comienzas a soñar, a volar, a creer que hay algo más. Pero hay algo que me sacudió a mí, algo tan simple, tan real, que no requiere cursos ni certificados ni nada que te vendan.
Y si decides quedarte en el fondo, nadie va a arrastrarte afuera. Pero tu sistema nervioso sí va a colapsar. Tu cuerpo sí va a cobrar. Y cada día va a ser más difícil salir.
Te digo algo: hoy te escribo aquí, pero no siempre fue así. Era tímido. Me costaba expresarme. Tartamudeaba en público. Me pasaba hasta en mi primer programa de televisión. Si me hubieras conocido entonces, no creerías que soy la misma persona.
¿Qué cambió?
Meditar.
No como te lo han vendido. No cerrar los ojos y poner la mente en blanco — eso es mentira, quien lo dice nunca ha meditado de verdad. Siempre me dicen "es que yo no me puedo concentrar", "no veo nada", "no siento nada". Y claro que no. Porque les enseñaron mal.
Meditar fue lo que me sacó de ese lugar sin esperanzas, sin posibilidades, sin oportunidades. No de un día para otro. No con una revelación mística. Con práctica. Con disciplina. Con la decisión de sentarme conmigo mismo aunque lo que encontrara adentro no me gustara.
Puedes leerme en el próximo correo si esto no resuena contigo hoy. O puedes darte de baja abajo y no te llegará más nada. Y está bien. Cada quien en su sitio. Yo aprendí a soltar. También aprendí a sostener a quienes quieren avanzar.
Pero si quieres, te invito a algo concreto: meditar conmigo.
Te voy a dar una meditación. Practícala por una semana. Una semana. Si sientes que en algo te ayudó — aunque sea un poco — te voy a invitar a una clase especial, gratis, en privado, EN VIVO. Solo para las personas que llegaron hasta aquí leyendo.
Pendiente, porque lo voy a anunciar solo por esta vía.
Solo tienes que meditar una semana con esta meditación: [Clic aquí]
Seguimos conectados.
Que tengas un gran día.
Ángel Gabriel Novoa.
Pd: Consultas con Ángel: clic aquí.